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12/09/2017

Artículo por Enrique Barbero en Actualidad de las Empresas Aragonesas: "Made in Spain"

La crisis en la que ha estado inmersa la economía española entre 2008 y 2013 será profundamente analizada y recogida en los manuales de historia de las próximas décadas por sus extraordinarios efectos en múltiples ámbitos: mercado laboral, tejido empresarial, exclusión social, etc.

Artículo por Enrique Barbero en Actualidad de las Empresas Aragonesas: 'Made in Spain'
Sin embargo, después de tres años consecutivos de crecimiento (y vamos por el cuarto), estamos recuperando ya los niveles de PIB perdidos en ese ciclo recesivo.

Además, el modelo económico actual es mucho más robusto que el de la etapa expansiva previa a la crisis. Ha tenido lugar el ansiado cambio de modelo productivo, que tantos ríos de tinta había provocado en los últimos tiempos. Esta transformación ha sido tan silenciosa como efectiva, tal y como ilustran a la perfección dos datos:
 
Por una parte, la construcción residencial ha retrocedido 9,9 puntos porcentuales en su peso en el PIB español, mientras que las exportaciones representan en la actualidad un 9,3% más en la “tarta” de la producción que antes de la crisis. Es decir, en apenas una década prácticamente se ha sustituido, euro por euro, el motor de la construcción por el de las ventas de productos y servicios en otros países.
 
Las compañías españolas, de todos los tamaños y sectores, han dado un ejemplo claro de competitividad, esfuerzo y superación al conquistar de modo tan rotundo los mercados internacionales. Un ejemplo, por cierto, que no siempre recibe el reconocimiento público y social que merece.
 
Detrás de este empuje exportador se encuentran, por ejemplo, los récords de fabricación de automóviles (más de 3 millones de vehículos según Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones –ANFAC-) y de turistas extranjeros (más de 80 millones según la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos –CEHAT-) que se van a alcanzar en este ejercicio 2017. Igualmente, cabe destacar la contribución de otros sectores, como la agroalimentación o la moda.
 
El segundo dato relevante es el proceso de reducción del endeudamiento recorrido por el sector privado de nuestra economía. El cociente de deuda sobre PIB de empresas y familias se ha contraído en casi 50 puntos porcentuales del PIB a lo largo de los últimos diez años. En otros términos, las empresas han aprendido a reforzar su competitividad y a crecer en facturación con un consumo más moderado de la financiación ajena.
 
Lógicamente, no todo es “color de rosa”

De la crisis hemos salido con una pesada losa de deuda pública (superior al 100% del PIB), con unas tasas de paro todavía inaceptables y con algunas cuestiones estratégicas pendientes (sostenibilidad del sistema de pensiones, desvertebración territorial en amplias zonas del interior, etc.).
 
No obstante, en mi opinión, el vaso de la economía española se encuentra ahora medio lleno, tal y como evidencia el renovado flujo de llegada de capitales por parte de inversores internacionales de diferentes perfiles (financieros, inmobiliarios e industriales).
 
Como consecuencia directa de este “renacimiento” de la economía nacional, los activos (financieros, inmobiliarios e industriales) están empezando a recoger en sus valoraciones presentes (y también, de manera incipiente, en las expectativas de futuro) el impulso de este nuevo ciclo.
 
Enrique Barbero Lahoz
Asociado EFA a EFPA España