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05/11/2012

Artículo por Francisco Marín: "El Estado del Bienestar ¿Perjudica la cultura del ahorro?"

A priori, la hipótesis puede parecer dura, pero planteársela puede ser un inicio para llegar a alguna conclusión, a favor o en contra de la misma.

Artículo por Francisco Marín: 'El Estado del Bienestar ¿Perjudica la cultura del ahorro?'
A priori, la hipótesis puede parecer dura, pero planteársela puede ser un inicio para llegar a alguna conclusión, a favor o en contra de la misma. El ahorro debe plantearse no como un evento (“me sobra  dinero este mes y ahorro, y el que viene Dios dirá”) sino como un proceso. Cualquier ahorro supone un sacrificio, y va dirigido a obtener a posteriori una satisfacción. Hay quien ahorra para comprarse un coche, para comprarse una casa, o para irse de viaje. Pero hay un ahorro más inconcreto, dirigido hacia un futuro que, por definición, es incierto. Puede ser la jubilación, el cubrir cualquier incidente en la vida laboral (el paro o un accidente laboral grave), o los estudios de los hijos. Esto, si se le pregunta a cualquier ciudadano de los Estados Unidos o del Reino Unido, lo tiene bastante claro. Pero en España eso no ocurre.

Y es que los temas citados en España han estado cubiertos por el “estado del bienestar”. La jubilación se espera cubrir con la pensión que nos pasará el Estado. La sanidad universal nos asegura que ese tema estará cubierto, por lo que no ofrece incertidumbre y no exige esfuerzo de ahorro. El seguro de desempleo, en un entorno donde parecía posible encontrar un empleo en el plazo de cobertura de las prestaciones, tampoco parecía exigir una caja de resistencia. Y la educación, con base en la escuela y la universidad pública, tampoco ha supuesto el tener que plantearse la necesidad de ahorrar para el futuro.

Y si ha sido necesario ir a otro tipo de gasto o inversión, como un coche o una casa, más que mirar al ahorro propio, se ha mirado al “ahorro de terceros” y se ha ido a una entidad bancaria a pedir el ahorro de esos terceros, vía préstamo. Y solo entonces se ha entrado no en una dinámica de ahorro voluntario (sacrificio actual para satisfacción futura) sino, al revés, obligación de ahorrar (ahorro forzoso) porque hay que devolver un endeudamiento. Y eso en un entorno, ya casi olvidado, de financiación fácil (y más o menos barata).

Francisco Marín, opinó el 24 de octubre, sobre la gestión del ahorro de las familias en el informativo de la Televisión Autonómica de Galicia (TVG). La noticia dura entre el minuto 0:24 y el 1:22 del siguiente link:
http://www.crtvg.es/informativos/grecia-tera-mais-tempo-para-aplicar-os-axustes-449794#.UKTiZmf5VIw


¿Para qué ahorrar, para qué prescindir de algo, por qué consumir menos, si lo básico estará cubierto? Y si me obligan, con la satisfacción ya disfrutándola, ya me esforzaré en devolver el préstamo. Suena a “poner el carro delante de los bueyes”. En cambio, cuando se mira a otros países con menos estado del bienestar, donde jubilación, sanidad, desempleo o formación, está menos cubierto (y quizás por eso pagan menos impuestos), donde hay un Papá Estado menos protector, cada uno debe usar su propia responsabilidad para planificar su ahorro, a fin de prevenir incidencias futuras.

En España se dice que hay poca cultura del ahorro. Pero quizás es porque mucha gente no ha necesitado planteárselo. O no necesitaba planteárselo hasta ahora. Cuando se pone en tela de juicio las prestaciones por desempleo, en duración o importe; cuando las pensiones pueden ser sometidas a una congelación severa; cuando la Universidad de los hijos va a suponer un gasto más significativo, cuando la sanidad pública entra en un límite de gasto insoportable, mucha gente mira al cielo y solo piensa en “quien me ha quitado mi queso”. ¿Cuántos españoles se han planteado a cuánto ascenderá su jubilación, y qué nivel de vida les puede asegurar? ¿Cuántos padres están planificando que en 5 o 6 años sus hijos irán a la Universidad y eso les exigirá un coste en matrículas y cursillos de 3.000 o 4.000 € al año?

En USA hay más de 75.000 asesores/planificadores financieros. En el Reino Unido hay 45.000. Son profesionales cuyo único objetivo es ayudar a sus clientes, las familias, a planificar sus ahorros en función de sus objetivos personales. Y entre ellos está la jubilación, el colegio de sus hijos, sus planes de matrimonio o de comprarse una casa. Todo eso se planifica como un proceso a lo largo del tiempo. Porque nadie va a venir a cubrirlo, solo lo que cada uno vaya ahorrando a lo largo de su vida.
Pero una cultura de ahorro no se crea de la noche a la mañana. Vamos a necesitar muchos años para que una parte significativa del país se dé cuenta de que ahorrar significa planificar, tanto el ahorro en sí mismo, como en qué se va a mantener ese ahorro invertido. Y eso exige recurrir a alguien que tenga conocimiento suficiente de planificación del ahorro, a partir de la realidad de ingresos y necesidades actuales y previstas de cada familia, y de la inversión, eligiendo los activos financieros más adecuados en cada momento del ciclo vital de la familia (más o menos riesgo/rentabilidad/liquidez).

Las entidades financieras tienen una mala posición de salida en esta carrera. Por distintos motivos, algunas han perdido la confianza del cliente como destinatarios del ahorro. Pero hablamos de algo más que canalizar el ahorro. Hablamos de planificar el ahorro. Y esto va a depender más de un cambio de actitud del “español de a pie” frente al ahorro, que de unas meras campañas publicitarias de depósitos a súper-tipos.

Sr. Ministro: Será necesario poner una asignatura en el plan de estudios de secundaria que sea: “El ahorro : una necesidad y como gestionarla”. Porque Papá Estado está exhausto.

Francisco Marín, Presidente del Comité de Servicios a Asociados de EFPA España.