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16/06/2017

Artículo publicado en la revista 'Funds Society' por Andrea Carreras-Candi: "La formación, el pasaporte para el éxito"

La regulación MiFID II, que se implantará de forma definitiva en enero de 2018, abarca diferentes ámbitos de actuación que las entidades llevan un tiempo tratando de implementar, pero sin duda la parte de la formación resulta un punto absolutamente crítico y una oportunidad de oro que desde el sector del asesoramiento no podemos desperdiciar. Es el momento de avanzar 20 años de golpe y sentar las bases del nuevo asesoramiento que cambie la relación entre profesionales y ahorradores, aprovechando la experiencia de todo lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal en estos últimos duros años de crisis.

Artículo publicado en la revista 'Funds Society' por Andrea Carreras-Candi: 'La formación, el pasaporte para el éxito'
Hay una parte fundamental en esta nueva normativa que cobra una especial importancia en España, que dejará así de ser una excepción en Europa.

Convendrán conmigo en que resulta como mínimo sorprendente que, hasta la fecha, cualquier profesional que se sentara delante de un cliente para realizar labores de asesoramiento o información no tuviera que acreditar ningún tipo de cualificación ni experiencia mínima. Una situación de anormalidad que no se produce en otras profesiones con una vinculación tan importante para el cliente.

¿Por qué se mantenía de esta forma en un sector tan importante en el que se ponen en juego las inversiones de muchos ahorradores? 


El reto de la directiva MiFID II, una versión mejorada de la malograda e inconclusa MiFID I,  pasa por sentar unas bases sólidas y eficientes en los servicios financieros de la UE para lograr la protección del inversor, en un sector especialmente sensible y muy condicionado por los conflictos de interés. Y aquí la formación tendrá una importancia capital si queremos cambiar de verdad el paradigma en el sector. 

En este sentido, la CNMV acaba de publicar la propuesta de Guía Técnica para la evaluación de los conocimientos y competencias  del personal que informa y asesora en las entidades financieras de CNMV, adaptación del regulador español a las Directrices de ESMA, derivadas del artículo 25 de MiFID II.

El texto determina de qué forma se producirá el cumplimiento de la exigencia de cualificación y competencia para una gran parte de los profesionales de inversión en entidades de crédito o en empresas de inversión. 

Para adaptarse a estas exigencias del regulador, las entidades han reaccionado estos últimos años de diferentes formas. Aunque hay que reconocer el ingente esfuerzo de muchas entidades que han apostado de una manera firme por unos niveles de exigencia elevados a la hora de certificar profesionalmente a la mayor parte de su plantilla, hay algunas otras que han preferido acometer por el momento otras soluciones más livianas, destinadas especialmente a cumplir el expediente, a la espera de que el regulador se pronunciara de forma definitiva en esta línea.

Pero no ha sido así. La propuesta de Guía Técnica es flexible y proporcional, dejando un amplio margen para las entidades en su obligación de asegurar los conocimientos y competencia de su personal; pero fijando criterios exigentes  en las cualificaciones y para la formación, la certificación de la cualificación y para las actualizaciones posteriores vía formación continua que van a hacer muy difícil implementar soluciones “fáciles”, al pedirse amplios informes y justificaciones si no se opta por los requisitos planteados por la CNMV.

 
Ha sido un proceso largo en el que la CNMV ha contado y está contando con la opinión de todos los actores del sector, convocando reuniones,  y publicando hace unos meses un documento consultivo que incluía un amplio cuestionario para que todos los involucrados dieran su punto de vista.

En paralelo, el regulador desarrolló una acción de supervisión de mistery shopping que arrojó algunas conclusiones reveladoras: 

Los resultados reflejaron que existen algunas debilidades en las prácticas de comercialización de productos de inversión en la fase de contactos iníciales de los clientes con la entidad.

De esta forma, el regulador se dio cuenta de que en ocasiones se presta un verdadero servicio de asesoramiento sin que el cliente lo advierta con claridad y sin que las propias entidades lo clasifiquen o lo reconozcan como tal, y, en consecuencia, apliquen las reglas propias del mismo.

Lo cierto es que es una realidad que se confronta de una forma clara con los objetivos de MiFID II, que tiene grabado en su ADN la calidad, la transparencia en el servicio, la protección del inversor.

Tras este arduo proceso que ha desarrollado la CNMV en los últimos meses, la Guía Técnica viene a sentar las bases para lograr un avance importante en beneficio de clientes e inversores, pero también para los profesionales y las entidades, y para la globalidad de un sector que desde hace años necesita recuperar la reputación y la confianza de sus clientes.

 

​Ahora o nunca


MiFID II es la oportunidad de dar una importante vuelta de tuerca a nuestro sector. Y el regulador ha tomado partido con una propuesta inteligente y proporcionada.  

EFPA se ha posicionado muy positivamente pero sugiriendo en la consulta que se refuercen algunos aspectos importantes para evitar cualquier conflicto de interés entre entidades y sus formadores contratados, separando la figura del formador del evaluador/certificador y haciendo que el proceso esté estrechamente supervisado y periódicamente revisado.  

Aspectos cruciales que el regulador ha incorporado tienen que ver con la importancia de la formación continuada y el cumplimiento de un código ético. El reciclaje y la actualización de contenidos debe ser permanente, validada y evaluada.  Un requisito esencial en un sector tan cambiante en procedimientos, productos y servicios. La incorporación de un código ético en la cualificación de competencia aparece como una garantía adicional para la prestación de servicios de información y asesoramiento.

Debemos sentirnos satisfechos porque el regulador ha sido valiente y ponderado a la vez. Se ha dado cuenta de que es el momento de cambiar las cosas. Y parece que las entidades y los propios profesionales lo comparten y van a encontrar soluciones alineadas con los niveles más altos de protección al cliente.  El esfuerzo que exige cumplir los requerimientos planteados por la autoridad europea ESMA es ingente, pero también lo será la recompensa de unos clientes cada vez más satisfechos y mejor atendidos, y un sector con mayores niveles de eficiencia.

No duden que la formación será un salvoconducto adecuado para un nuevo tiempo del asesoramiento financiero.
 


Andrea Carreras-Candi
Directora de EFPA España