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11/04/2017

Miguel Borrás, in memoriam

Conocí a Miguel Borrás hace más de 25 años. El IEF estaba en pañales y José Poal vino un día a verme con Miguel, un “asesor financiero” avant-la–lettre, cuando ni se nos ocurría pensar en este término, ni en este oficio.

Miguel Borrás, in memoriam
José me había propuesto un curso sobre gestión de carteras con fondos de inversión que nos sonaba a chino financiero en 1990, y proponía a Miguel para hacer tándem académico con él. Tras pocos minutos de conversación entendí que tenía delante a un profesional con un gran sentido común y que lo que decía se apartaba del humo que ya empezaba a imperar en el sector en esos años.  Impartieron el curso, -novedoso y práctico-,  y ya no dejé de contar con Miguel Borrás como uno de los contados expertos que más sabían por su experiencia que por sesudas teorías que llevan a ninguna parte. Con él, percibí claramente que lo que se intuía viajando, -el imparable crecimiento de la gestión patrimonial, el asesoramiento financiero, la banca personal y privada, etc.-, también sería irremediable en España, porque existían la necesidad y los profesionales que estaban dispuestos a ejercer.

En la constitución de EFPA España, unos días después de fundar EFPA Europa el 10 de diciembre del 2000, pedí a Miguel que formara parte del grupo que se reunió en un despacho notarial para constituir la entidad y nombrar su primera junta directiva. Miguel amablemente aceptó ser secretario de la misma, cargo que ya no dejó hasta hace unos tres años, ya debilitado por la enfermedad. Miguel nos daba serenidad, juicio y saber estar en un grupo más guiado por lo que podía ser (que por cierto se confirmó ampliamente) que por lo que era de verdad al principio. Para EFPA ha sido el divulgador, la voz de la experiencia, el señorío tranquilo, quién ponía sensatez cuando era necesario.

Por absorción de conocimientos, seguro que he plagiado muchas veces a Miguel Borrás en artículos, conferencias, debates y en el propio ejercicio profesional. Pero hay una idea que he de reconocer, -afortunadamente se lo reconocí a él ya hace años-,  que al menos he repetido cien veces, era suya y no siempre le cité. Miguel describía el estado de un inversor que jamás se debe rebasar añadiendo más riesgo a su cartera de inversión como el “umbral de insomnio”. Es decir, que una cartera de inversión ha de tener tanto riesgo como el que nos permita seguir durmiendo sin problemas, ni un gramo más. No he encontrado ninguna recomendación más clara, comprensible y sabia para los ahorradores/inversores y para quienes pretendemos dar consejos a los mismos. Es sabiduría y bonhomía de Miguel Borrás en estado puro.

Mándanos de tanto en tanto algún consejo y alguna idea de sentido común de las tuyas. No sabes cómo lo seguimos necesitando.
 
Josep Soler Albertí
Presidente EFPA Europa