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29/01/2016

"2016: luces, sombras y la inestabilidad política de propina" por Josep Soler

2015 nos debería quedar ya muy lejos, aunque sólo hace 10 días que lo despedimos. Más estimulante es mirar hacia adelante donde tenemos todo un año ?el inevitable corto plazo que evidentemente son 12 meses-, en el que tenemos planteadas lógicas esperanzas de profundización en la recuperación económica pero que desgraciadamente presenta -como tan a menudo-, demasiadas incertidumbres

'2016: luces, sombras y la inestabilidad política de propina' por Josep Soler
2015 nos debería quedar ya muy lejos, aunque sólo hace 10 días que lo despedimos. Más estimulante es mirar hacia adelante donde tenemos todo un año el inevitable corto plazo que evidentemente son 12 meses, en el que tenemos planteadas lógicas esperanzas de profundización en la recuperación económica pero que desgraciadamente presenta como tan a menudo, demasiadas incertidumbres.
 
¿Qué hará nuestra economía? ¿Cómo nos irá económicamente este 2016? Pues la respuesta inmediata es que dependerá mucho de cómo se mueva nuestra pequeña parte de mundo en este entorno cada vez más globalizado e interdependiente. De cómo, en definitiva, aprovechemos las ventajas que tenemos y evitemos los obstáculos, en relación a como lo harán otros países. De hecho, maniobrando y compitiendo como también lo hacen nuestros vecinos más cercanos, entre factores más bien positivos y otros más bien negativos. Elementos que son casi los mismos que también afectan, seguramente con intensidades e incluso direcciones diferentes, a cualquier otra parte del mundo, desarrollada o emergente, por más alejada y diferente que sea de la nuestra.

A favor, tenemos todavía algunos factores que nos han ayudado hasta ahora en la tímida salida de la recesión. Por encima de todo, una política monetaria expansiva, una divisa europea competitiva y un coste de la energía en mínimos. Pero también otros que ya están apoyando la expansión o que se irán confirmando: una mayor estabilidad del sector financiero y por lo tanto recuperación del crédito, la mejora de la demanda y tímidamente de la ocupación, el desendeudamiento privado, el modesto crecimiento del comercio y la inversión internacional, y por encima de todo la solidez de los Estados Unidos, la primera economía del mundo y estos días locomotora única de la economía internacional.
    
En contrapartida, algunas realidades y algunas amenazas: una tendencia deflacionista paralizante, el hundimiento de los países emergentes productores de materias primas, la ampliación vía déficit del endeudamiento público sin generar un crecimiento robusto, una mejora de la productividad casi únicamente vinculada un deterioro cualitativo del empleo y por último, una China al ralentí y una Europa sin dinamismo. Pero, por encima de todo, las amenazas geopolíticas que se vislumbran en la crisis rusa, la guerra en Siria y los refugiados; la amenaza terrorista y otros retos de estabilidad en tantas partes del mundo que en caso de empeorar pasarían por encima de todos los indicadores reales de actividad económica.

Estos son, evidentemente sin voluntad de exhaustividad y concreción, los factores que, convenientemente combinados por la acción política y la de los agentes económicos, deberán marcar el comportamiento de nuestra economía en 2016, probablemente más débil que la de 2015. Sin descartar los impredecibles cisnes negros que terminan usualmente por tener un gran protagonismo en el comportamiento económico global.

¿Y algún factor más? Recientemente hemos añadido uno adicional que, sin ser ajeno a cualquier otro país, está tomando dimensiones preocupantes en Cataluña y en España en general. Obviamente hablamos de la más que confirmada inestabilidad generada por la incertidumbre política a raíz de las recientes convocatorias, y sobre todo resultados, electorales, y que está adquiriendo unas dimensiones preocupantes que la pueden convertir en la gran protagonista de nuestra economía este año nuevo. Es la enfermedad de propina.

Podríamos encontrar bonanza económica en entornos muy diferentes. Por ejemplo con tipos bajos o relativamente altos; con impuestos estables o cambiantes al alza o a la baja. Podemos crecer por impulso de las exportaciones o de la demanda interna, y acometiendo todas o sólo algunas reformas que nos hagan ganar competitividad, pero muy difícilmente la economía se sostendrá con una inestabilidad prolongada, con la percepción de que se pueden cambiar drásticamente las reglas de juego. Al dinero, a la inversión productiva o financiera, a la tan necesaria asunción de riesgo; le conviene muy poco la incertidumbre y la inestabilidad. La situación política catalana y española, incluso en el caso de que se logre constituir unos gobiernos que serán débiles, genera un peligroso factor adicional que nos distingue negativamente. Quizás por eso, porque nos afecta tan particularmente a nosotros, es tan peligroso su enquistamiento.

Publicado en el semanario económico catalán L'econòmic

Josep Soler Albertí
Presidente de EFPA Europa