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29/09/2021

Artículo de Jordi Martínez: “Una hoja de ruta para mejorar la educación financiera en España” (Cinco Días)

Contar con conocimientos básicos sobre cómo funciona la economía y los mercados y manejar algunos conceptos económicos y financieros, son elementos con los que cualquier ciudadano debería contar para una gestión adecuada de sus finanzas personales.

Artículo de Jordi Martínez: “Una hoja de ruta para mejorar la educación financiera en España” (Cinco Días)

Y aunque es de justicia destacar el esfuerzo que se está realizando en los últimos años desde las Administraciones Públicas, especialmente desde el Plan de Educación Financiera promovido por el Banco de España y la CNMV, y por parte de la iniciativa privada para avanzar en esta materia, España sigue teniendo un déficit con respecto a países de su entorno, por lo que resulta necesario avanzar y redoblar la apuesta con una hoja de ruta potente que incluya algunas iniciativas de calado que reduzcan ese gap. 

En primer lugar, urge activar un ambicioso programa de desarrollo de formación financiera en todas las etapas educativas, que sea muy básico en la educación primaria, escalando hacia programas de desarrollo más avanzado en la secundaria, donde ya existe, por ejemplo, una asignatura optativa de Economía en cuarto de la ESO donde se tratan algunos conceptos de educación financiera, pero que no llegan a todos los alumnos, y el Bachillerato, incluso hasta la educación universitaria y la Formación Profesional. España está por debajo de la media en educación financiera, como pone de manifiesto el Informe PISA de competencias financieras, que se realiza entre alumnos de 15 de años de distintos países de la OCDE, donde nuestro país queda por debajo de la media en cuanto a conocimientos. La planificación de los módulos específicos de educación financiera debería ser escalonada en función de la etapa escolar, empezando por la inclusión del aprendizaje de algunos conceptos básicos en el tramo de la educación primaria y secundaria, como el ahorro y la realización de un presupuesto, en función de unos gastos e ingresos esperados, para pasar a un programa mucho más específico en el ámbito universitario, con independencia de la rama educativa por la que opte cada alumno.
 
Las propias empresas, como ya ocurre en otros países, también pueden desempeñar un papel importante para fomentar la formación financiera entre sus trabajadores, lo que podría incentivarse con la puesta en marcha de incentivos fiscales u otro tipo de ayudas específicas a la formación para que desarrollen cursos de educación financiera en sus plantillas y que este modelo sea exportable a otras empresas más pequeñas, donde los recursos son más limitados. Se trata de una manera de fomentar la educación financiera entre grupos heterogéneos de profesionales, que pueden recibir una formación específica adecuada a su nivel de conocimiento y a sus necesidades personales.
 
Los medios de comunicación y las Redes Sociales tienen que ser escaparates para impulsar la formación financiera, por lo que sería interesante poner en marcha un plan específico promovido desde las Administraciones Publicas, con el apoyo de la empresa privada, para promover las buenas prácticas financieras en las Redes Sociales y en los medios de comunicación públicos. En el primer caso se convierten en una herramienta ideal para alcanzar a un target de usuarios más joven, aunque debe ir acompañado por una serie de procedimientos para controlar los perfiles no autenticados que ofrecen consejos de índole financiero sin la formación y el conocimiento necesarios. 
 
Sin duda, una correcta educación financiera redundará en mayor bienestar en las diferentes etapas de la vida, incluida la jubilación, por lo que conviene actualizar y adecuar la calculadora de la Seguridad Social que permite conocer una aproximación de la cuantía de la pensión publica que recibirá para contribuyente, en función del número de años trabajados y la base reguladora a las circunstancias actuales. Sería conveniente que las propias empresas, los sindicatos y las patronales y asociaciones que agrupan a diferentes colectivos de profesionales activen mecanismos para facilitar a sus trabajadores el acceso a este tipo de herramientas, en las que habría que implementar mejoras que amplíen la proyección de la pensión en las próximas décadas, teniendo en cuenta el factor de sostenibilidad y el efecto de la inflación, que en el largo es un elemento claramente distorsionador.
 
Aunque las Administraciones Públicas y los reguladores y supervisores, junto a grandes entidades, han trabajado en los últimos años para promover programas y acciones enfocadas para fomentar la educación financiera en diferentes frentes, es el momento de involucrar a otro tipo de compañías, como las Fintech, financieras tecnológicas que proporcionan a los usuarios las herramientas adecuadas para una gestión óptima de sus ahorros, por lo que se alzan como un player fundamental para ser el aliado en la mejora de la educación financiera y por su capilaridad y accesibilidad para llegar a un amplio espectro de ciudadanos, especialmente los jóvenes.
 
Por último, pero no menos importante, los propios profesionales de la industria financiera, que son los que se sientan con el cliente para ofrecer consejos de asesoramiento sobre productos financieros y estrategias de inversión, pueden jugar un papel fundamental en la mejora de la educación financiera, poniendo el foco en el desarrollo de aquellas aptitudes que les permitan entender cómo los factores psicológicos, culturales y sociales de los clientes afectan a su comportamiento económico y a la hora de tomar decisiones de ahorro e inversión, así como tener en cuenta que el miedo, la euforia o la propia opinión pública pueden condicionar la toma de decisiones financieras en cada momento. Lo que los estudiosos denominan behavioral finance, ha tomado especial relevante en los últimos años, por lo que conviene potenciar este ámbito de conocimiento en todos los grados, programas, master y cursos enfocados para profesionales del sector financiero.
 

Se trata de poner en marcha una ambiciosa hoja de ruta que involucre a diferentes actores sociales y económicos para dar el impulso definitivo a la educación financiera en España, siendo conscientes de que un país con alto nivel de formación en finanzas será un país más libre y más rico.

Jordi Martínez, director del Programa EFPA de Educación Financiera.

Artículo publicado en Cinco Días.

 


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