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20/04/2020

Artículo de opinión de Santiago Satrústegui: “Los retos del asesoramiento financiero del futuro” (Citywire)

Llevamos mucho tiempo hablando de los cambios que está experimentando el asesoramiento financiero en España, al albur de las novedades regulatorias que se han implementado en los últimos años, concebidas para mejorar en términos de transparencia, información y la máxima protección al inversor.

Artículo de opinión de Santiago Satrústegui: “Los retos del asesoramiento financiero del futuro” (Citywire)

Sin duda, MiFID II trajo orden y supuso un buen resorte para asentar las bases para alcanzar una vieja aspiración de los que nos dedicamos a esta profesión, la de equipararnos, en términos de relevancia y valoración, con la labor de un médico, un abogado o un arquitecto, por ejemplo. Y para todo ello, la necesidad de formación y actualización constante, sin duda, es un tema central para dar cuenta del valor añadido que ofrecen los asesores y abrir el camino para mejorar y estrechar esa relación con el cliente.

Con MiFID II se protege más y mejor al cliente final durante toda la vida del producto, cuyo diseño también se cuida mejor y se personaliza más. La evaluación del propio cliente precede a la oferta, que se concreta en productos adecuados a su perfil de riesgo. Con el último impulso regulatorio, hemos pasado de colocar producto a prestar servicios en interés del cliente.

La tan ansiada profesionalización siempre ha sido un objetivo prioritario para EFPA, que se valore al asesor financiero, independientemente de la entidad donde trabaje, y que se ponga de manifiesto que el asesoramiento siempre ofrece ese valor añadido por el que hay que pagar. Es responsabilidad del regulador, de las entidades y también de los propios profesionales, aunque muchos ya estaban haciendo un encomiable esfuerzo de autorregulación digno de mención desde hace años, mucho antes de que MiFID II apareciera en nuestras vidas.

En los momentos en los que el pánico se apodera de los mercados, como el que vivimos ahora por causa de la crisis del coronavirus, la labor del asesor financiero se hace aún más imprescindible. Por su capacidad para hacer recomendaciones adecuadas y atemperar esas emociones del cliente. De ahí que la preparación del asesor, con un componente emocional que tiene que convivir con el componente técnico, sea fundamental para convertirse en un aliado ante este tipo de escenarios. Y ahí entra en liza la formación continua del profesional, que debe demostrar un control absoluto de todos los factores que condicionan la evolución de los mercados. 

El asesor financiero del futuro (y el del presente) debe tener buenas dotes comunicativas y empatía para explicar al cliente la situación del mercado en cada momento y entender cuál son sus necesidades y preocupaciones, teniendo en cuenta su perfil de riesgo del cliente, sus intereses personales y el horizonte temporal. Las aptitudes psicológicas y el control de las emociones son elementos tan importantes como conocer todos los detalles que afectan a los mercados.

De todas las cosas que pasan en el proceso en el que un cliente decide invertir en el mercado (incluyendo la regulación o la intermediación), lo más importante es el asesoramiento financiero, que pasa porque un profesional entienda e interprete las necesidades del inversor y encuentre la solución adecuada para que esas necesidades puedan cubrirse a través de una adecuada utilización de productos financieros.

En el actual escenario y pensando en el futuro inmediato, las herramientas digitales, que cada vez están adquiriendo un mayor protagonismo, deben convertirse en aliadas, pero nunca sustitutas, de los profesionales del asesoramiento. Al final, ese componente emocional que hay que manejar en la relación entre inversor y entidad o proveedor de producto difícilmente lo gestionará una máquina sujeta a un algoritmo determinado. Y dudo mucho que en un futuro más o menos cercano una máquina pueda convencernos de que siente las cosas como una persona.

El asesoramiento es una profesión con un gran futuro por delante, a diferencia de otros perfiles de la industria financiera que tienden a desaparecer. La formación actualizada, la empatía con el cliente y el apoyo de la tecnología deben ser los elementos centrales de la hoja de ruta marcada para que la profesión de asesor financiero alcance el éxito en los próximos años.

Santiago Satrústegui. Presidente de EFPA España

Artículo publicado en CityWire (pg. 48 y 49)