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07/05/2012

Artículo Ganador del 2º Concurso de 'Funds People' y EFPA España: Antonio Borrás: "El enfoque pragmático del inversor"

Más allá del análisis fundamental y del análisis técnico, el inversor poco avezado tiene a su alcance el análisis pragmático, es decir, centrarse en lo que nadie mejor que él sabe hacer y que no es otra cosa que definir sus objetivos, sus necesidades. Este es el eje central del artículo ganador en la edición de mayo del concurso organizado por EFPA España y FundsPeople : “El enfoque pragmático del inversor”. Su autor es Antonio Borrás Alomar, asociado de EFPA nº 3505, y tanto la utilidad de su planteamiento como el estilo claro y conciso del texto presentado le han aupado a ganador del mes.

Artículo Ganador del 2º Concurso de 'Funds People' y EFPA España: Antonio Borrás: 'El enfoque pragmático del inversor'
Más allá del análisis fundamental y del análisis técnico, el inversor poco avezado tiene a su alcance el análisis pragmático, es decir, centrarse en lo que nadie mejor que él sabe hacer y que no es otra cosa que definir sus objetivos, sus necesidades. Este es el eje central del artículo ganador en la edición de mayo del concurso organizado por EFPA España y FundsPeople : “El enfoque pragmático del inversor”. Su autor es Antonio Borrás Alomar, asociado de EFPA nº 3505, y tanto la utilidad de su planteamiento como el estilo claro y conciso del texto presentado le han aupado a ganador del mes.

El “enfoque pragmático” del inversor

Cualquier persona que haya dedicado un poco de tiempo a aprender en qué consiste eso de invertir se habrá topado con los dos principales enfoques aplicados a la inversión: por fundamentales o por criterios técnicos.

El problema para el inversor amateur es que estos enfoques son practicables pero hacerlo mínimamente bien es complicado. Además de los conocimientos previos que hay que adquirir para poder hacer un análisis fundamental o técnico y la dificultad posterior de hacer un buen análisis, está la gran dificultad de la ‘sicología de la inversión’. Por ejemplo, cuántos inversores no han vendido en el momento en que tocaba, pudiendo hacerlo, por no querer asumir la pérdida (y luego se convencen a sí mismos con la frase ‘algún día recuperará’). O han vendido antes de tiempo por el vértigo de las ganancias (y luego darse golpes con la pared por no haber mantenido al menos parte de la posición). Por no hablar de aquellos que compran acciones y nunca más vuelven a mirarlas, sea por desinterés tras el ‘frenesí comprador’, por miedo a lo que puedan encontrarse al abrir el extracto del banco o por cualquier otro motivo.

Frente a estas barreras de entrada, no insalvables pero que requieren un esfuerzo y tiempo que no todo el mundo está dispuesto a dedicar,  el inversor de a pié debe utilizar un enfoque diferente a la hora de invertir, el ‘enfoque pragmático’.

El enfoque pragmático

Cada uno sabe qué uso quiere dar al dinero que tiene o el objetivo para el que está ahorrando. Evidentemente los objetivos son diferentes para cada persona y además varían con el tiempo/edad pero es importante, crítico, definirlos para poder establecer un plan de inversión sensato. Si no se tiene ningún objetivo el inversor caerá en las garras del peor posible, ‘maximizar las ganancias’, que le pueden llevar a asumir niveles de riesgo superiores o caer en trampas indeseadas (por ejemplo, puede surgir una necesidad que hubiera sido fácilmente previsible y encontrar que parte importante de su patrimonio está en productos con visión a largo plazo y en un momento poco idóneo para liquidar).
Cada objetivo tiene características diferentes (plazo, capitalización/rentas, etc.) que implican que unos instrumentos financieros serán más indicados que otros e incluso que deban desarrollarse diferentes estrategias contemplando la liquidez, la fiscalidad, el retorno esperado y el riesgo.
El enfoque pragmático consiste en que el inversor se centre en lo que sabe hacer bien (definir objetivos) y ponerse en manos de un asesor financiero que le ayude a concretar esos objetivos numéricamente y en base a ellos definir las estrategias para alcanzarlos.
En este nuevo equipo de trabajo que se establece, la responsabilidad del asesor es hacer el seguimiento de las estrategias, instrumentos y mercados identificando situaciones y eventos que motiven reajustes, y la responsabilidad del inversor es entender las propuestas que se le hacen y asumir la responsabilidad en las decisiones tomadas.
Si la relación es honesta por ambas partes, y ello implica que coste del servicio ha estado claramente definido, el inversor tendrá el mejor servicio que pueda desear y el asesor al mejor cliente que pueda encontrarse.