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15/05/2018

Artículo por Álvaro Aróstegui en Actualidad de las Empresas Aragonesas: “La mejor inversión”

Primer trimestre del año, inversores preocupados, ¿qué hago este año con mi dinero? Las subidas en bolsa de los últimos años hacen que muchos analistas argumenten que la bolsa está cara. En renta fija la situación es casi más dramática, muchos años de ganancias con sobrevaloración en muchos segmentos de la misma, perspectivas de subidas de tipos y, por tanto, caída en los precios. Si a esto le añadimos que la remuneración del depósito bancario ha muerto con los tipos del BCE históricamente bajos, la confusión es aún mayor.

Artículo por Álvaro Aróstegui en Actualidad de las Empresas Aragonesas: “La mejor inversión”
Ante esta situación, la mayoría de las casas de inversión hacen sus apuestas para 2018. Mucha asimetría de información, análisis técnicos y fundamentales con potentes herramientas que pretenden prever lo que hará el mercado y dónde invertir.  

Las herramientas de análisis y gestión están dotadas de un gran componente técnico y parten de la base que el inversor es racional (curvas de utilidad, maximizar la rentabilidad al menor riesgo, etc). Aquí es dónde nos encontramos con el problema fundamental: el inversor no es racional, el inversor es humano, es emocional y pasional. Quizá el inversor institucional si cumple con los parámetros sobre los cuales se basan estos modelos matemáticos, pero los clientes, las familias, distan mucho del inversor institucional.

Está demostrado que, por este sesgo emocional, en series históricas las masas de capitales entran en el mercado cuando está subiendo y salen cuando está bajando, con el drenaje de rentabilidad que ello conlleva y lo que es peor, insomnio, preocupaciones y cabreos con quien recomienda dicha inversión. 

Desde hace años se comienza a oír hablar de finanzas conductuales o behavioral finance. Esta corriente, pretende identificar todos aquellos sesgos que hacen que el inversor no se comporte todo lo racional que los modelos matemáticos requieren. Una vez identificados, es más fácil luchar contra ellos para reducir los potenciales errores al momento de invertir. 
 
Ahora bien, ¿cómo se consigue tener un comportamiento inversor correcto? ¿cómo se consigue que el dinero no sea una preocupación y tenga un impacto emocional positivo en la vida diaria? 
La mejor inversión es sencillamente tener un plan. Este plan nos permitirá movernos con mucha más tranquilidad en los mercados. Para elaborar dicho plan, se requiere frenar un tiempo de la vorágine diaria para pensar, analizar, cuantificar, priorizar e incluso soñar.

En qué patrimonio neto está sentada la familia (inmobiliario, empresarial y financiero), qué activos son realmente productivos, cuál es el balance no financiero (empleabilidad, impactos sucesorios, situaciones de dependencia …), capacidad ahorro presente y futuro, qué prioridades vitales se quieren cubrir, qué necesidades de recursos requieren dichos objetivos vitales, etc. 
Con esta información, se puede verificar si las coberturas de seguros son suficientes o cómo hay que preparar las disposiciones testamentarias. 

Este trabajo es imprescindible para preparar una hoja de ruta, susceptible de modificaciones, donde afloran plazos e importes y que servirá de ayuda para poder implementar las estrategias adecuadas para conseguir esos objetivos vitales deseados, y entonces sí, comenzar a invertir. 

Ya no hay que ir moviendo la masa patrimonial con el objetivo de generar la máxima rentabilidad con el mínimo riesgo, sino que quizá haya partes de dicha masa patrimonial que atiendan objetivos a distintos horizontes temporales y que no tengan la misma estrategia de inversión. El dinero trabaja para cumplir objetivos vitales, no solo para producir más dinero. 

Está demostrado que este proceso separa al inversor del dinero y esto redunda finalmente en mejor comportamiento inversor y mayor rentabilidad. Además, el inversor duerme un poco más tranquilo. 

¿Se puede subir a un avión sin destino? ¿Se puede invertir sin planificar? 


Álvaro Aróstegui, Asociado a EFPA España