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27/07/2012

Artículo por Ángel Manuel Mínguez Gimeno: El bosque europeo

La crisis de deuda soberana está incrementando la brecha existente entre las dos Europas, el Norte y el Sur. Los países del arco Mediterráneo tienen serias dificultades para colocar su deuda entre los inversores. Son necesarias elevadas rentabilidades para satisfacer a una demanda cada vez más exigente. En el caso español, la rentabilidad del bono a diez años se encuentra cercana a los niveles de no retorno, el 7%, y la prima de riesgo en el nivel más alto de su historia.

La crisis de deuda soberana está incrementando la brecha existente entre las dos Europas, el Norte y el Sur. Los países del arco Mediterráneo tienen serias dificultades para colocar su deuda entre los inversores. Son necesarias elevadas rentabilidades para satisfacer a una demanda cada vez más exigente. En el caso español, la rentabilidad del bono a diez años se encuentra cercana a los niveles de no retorno, el 7%, y la prima de riesgo en el nivel más alto de su historia.

El sofocante calor que padecen los Tesoros de Italia y  España, en cada subasta, para captar fondos contrasta con las agradables temperaturas que se disfrutan más al Norte. Así, países como Alemania, Francia y Holanda, son capaces de financiarse en el mercado prácticamente a coste cero, ampliando todavía más las enormes diferencias entre economías que, curiosamente, comparten la misma moneda. La creciente aversión al riesgo ante la crisis, se traduce en una búsqueda de activos refugio donde poner a buen recaudo la liquidez existente.

Otra vez ha sido Wall Street quién ha mantenido el tono de las bolsas mundiales, sobreponiéndose a la astenia primaveral que provocaban algunos datos macroeconómicos conocidos meses atrás. La favorable disposición de Bernanke para actuar, siempre que se confirme que existe riesgo de deflación o una debilidad manifiesta y continuada en el mercado de trabajo, impulsa y soporta la bolsa del otro lado del Atlántico. Esta capacidad del Tesoro americano de estimular la economía, impulsando el crecimiento siempre que sea necesario, contrasta con el inmovilismo que caracteriza al Banco Central Europeo.

Mientras, la bolsa española navega sin rumbo, anestesiada por el bajo volumen estival, pero sin conseguir encontrar un catalizador que le haga emerger a la superficie, y alcanzar precios más acordes con la valoración del negocio exterior de sus empresas. Ni el resultado de las elecciones griegas, ni la dotación de fondos para el sistema financiero, ni las medidas adoptadas por el Gobierno han logrado rebajar lo más mínimo la prima de riesgo.

En el intrincado bosque que se ha convertido la zona euro, las debilidades de unos países redundan en beneficios para otros; por el momento. Mientras las economías del Norte aprovechan el incendio que existe en la periferia para financiarse a precios bajos en un momento de debilidad económica, el Sur se consume pagando tipos de interés desorbitados. Hasta el FMI, en su último informe, ha aconsejado a la UE que ayude a Italia y España en este sentido, y que sean el fondo de rescate o el BCE los bomberos que apacigüen el fuego; puesto que si esta situación perdura en el tiempo, las llamas podrían acabar amenazando al centro del bosque.

 - Ángel Manuel Gimeno, asociado EFA nº 4531 -