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12/06/2012

Artículo por Ángel Manuel Mínguez Gimeno: El pianista Draghi

El pasado miércoles, Mario Draghi, presidente del BCE, no hizo honor al apelativo de Super Mario con el que es conocido en su país de origen. Este economista italiano, en su dilatada carrera profesional, ha sabido combinar las delicadas notas musicales de la docencia en sus inicios, con la recargada opera en su paso por el Banco Mundial o el Tesoro italiano, para adaptarse al estruendo del rock que sonaba en el todopoderoso Goldman Sachs. Esta extraordinaria experiencia acumulada, se está poniendo a prueba desde su llegada a la presidencia del supervisor europeo.

El pasado miércoles, Mario Draghi, presidente del BCE, no hizo honor al apelativo de Super Mario con el que es conocido en su país de origen. Este economista italiano, en su dilatada carrera profesional, ha sabido combinar las delicadas notas musicales de la docencia en sus inicios, con la recargada opera en su paso por el Banco Mundial o el Tesoro italiano, para adaptarse al estruendo del rock que sonaba en el todopoderoso Goldman Sachs. Esta extraordinaria experiencia acumulada, se está poniendo a prueba desde su llegada a la presidencia del supervisor europeo.

Esta semana, decepcionaba a los mercados al no rebajar los tipos de interés ni anunciar nuevas medidas de expansión monetaria a largo plazo a través de una nueva subasta LTRO. La tibieza de la respuesta del BCE y su falta de reacción, ante los frentes abiertos que presenta la eurozona, se transformó en esperanza para los inversores, cuando la institución se mostró predispuesta a que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM) se modifique, con objeto de que pueda intervenir directamente en los sistemas financieros de los países miembros. Si las previsiones no fallan, y las condiciones económicas siguen deteriorándose en las economías del viejo continente, es posible que el recorte llegue en la próxima reunión del mes de julio.

La presión a la que los mercados someten a la Unión Europea, con los decisivos comicios griegos el próximo 17 de junio y la situación de países como Italia y España, supone que en el corto plazo exista la posibilidad de una respuesta política y monetaria contundente y de gran calado. Esta circunstancia, ha provocado un tímido cierre de algunas posiciones bajistas que acosaban a  la bolsa española. Lamentablemente, ésta ha sido la gasolina que ha impulsado el rebote al que hemos asistido esta semana, y no el dinero del inversor final que sigue desconfiado y temeroso ante los acontecimientos que le tocan vivir.

En definitiva, el catalizador que impulse a la renta variable, en el corto plazo, no será una mejora de los beneficios de las empresas cotizadas, ni tampoco una posible recuperación de los datos de nuestra economía; ambos hechos parecen poco probables en el corto plazo.  La tecla que se debe tocar, para que se produzca un rebote continuado y duradero de las cotizaciones, es aquella que implique una relajación de la prima de riesgo, señal inequívoca de que el riesgo sistémico que padece nuestro mercado disminuya.
El instrumento se encuentra en el BCE y Draghi es el pianista que conoce la melodía.