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03/12/2012

Artículo por Ángel Mínguez: "El día después"

Una vez despejada la incertidumbre por conocer el inquilino de la Casa Blanca, Wall Street no concedió tiempo para las celebraciones, cotizando su peor sesión en el último año. Las bolsas americanas han pasado la página electoral y han empezado un nuevo capítulo de incertidumbre que se titula “fiscal cliff”, o precipicio fiscal. Durante lo que llevamos de ejercicio, los mercados de renta variable del otro lado del Atlántico, en cierta medida, se habían mostrado complacientes, ignorando variables tan importantes como la falta de vigor en la creación de empleo, fundamentales para apuntalar una recuperación económica sólida. Las alzas bursátiles se han basado en los estímulos monetarios de la Fed, cumpliendo así el buen comportamiento del mercado en los años electorales, según revelan las estadísticas.

Una vez despejada la incertidumbre por conocer el inquilino de la Casa Blanca, Wall Street no concedió tiempo para las celebraciones, cotizando su peor sesión en el último año. Las bolsas americanas han pasado la página electoral y han empezado un nuevo capítulo de incertidumbre que se titula “fiscal cliff”, o precipicio fiscal. Durante lo que llevamos de ejercicio, los mercados de renta variable del otro lado del Atlántico, en cierta medida, se habían mostrado complacientes, ignorando variables tan importantes como la falta de vigor en la creación de empleo, fundamentales para apuntalar una recuperación económica sólida. Las alzas bursátiles se han basado en los estímulos monetarios de la Fed, cumpliendo así el buen comportamiento del mercado en los años electorales, según revelan las estadísticas.

La preocupación por una decepcionante campaña de resultados empresariales ha dado paso a la incertidumbre del precipicio fiscal. El problema radica en que el próximo 1 de enero expiran, de forma automática, beneficios fiscales por un importe superior a 650.000 millones de dólares, aproximadamente el 4% del PIB de la primera economía del mundo. Definir el techo de deuda y encajar políticas que conlleven recortes del gasto público y subidas de impuestos serán los temas que demócratas y republicanos deberán negociar. En las próximas semanas, se inicia un apasionante periodo de debate donde se pondrá a prueba la consistencia de los niveles alcanzados por los índices americanos. Es vital alcanzar un acuerdo si se quiere evitar una recesión, según ha valorado el FMI y algunas agencias de rating. El plazo es corto: menos de dos meses. No hay tiempo que perder y así lo cotiza el mercado.

En el escenario europeo, la buena noticia de la semana procedía, por una vez, de Grecia, al aprobar el Parlamento heleno, por un estrecho margen, las medidas de ajuste impuestas por la troika necesarias para desbloquear el siguiente tramo de ayuda. En contraposición, el jarro de agua fría llegaba desde la Comisión Europea, cuyas perspectivas para 2013 y 2014 auguran un debilitamiento de la economía en la eurozona. Para el próximo año, se rebaja la tasa de crecimiento del 1%, pronosticada en el primer semestre, hasta dejarla en un raquítico 0,1%. Ni siquiera el motor de la región, Alemania, se encontraría a salvo, tal y como declaró Mario Draghi, amplificando con sus palabras el mal dato de exportaciones germanas de septiembre. La locomotora alemana aminora la velocidad y parece que ya no es inmune a la crisis de endeudamiento que vive buena parte de Europa. Dos tercios de las exportaciones, verdadero motor del PIB alemán, se dirigen a sus socios europeos. Parece que el humo procedente de la periferia se atisba desde el centro del bosque.

Asociado EFA nº 4531