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28/06/2012

Artículo por Enrique Serrano Fuertes: La Banca de hoy

A pesar de las agresivas campañas de Marketing de la banca nacional, en que se manifiesta a bombo y platillo que el cliente es lo primero, la realidad es bien distinta, la realidad es que, para la banca, lo primero es la propia banca, pero este hecho no es algo nuevo, es algo que venimos arrastrando desde hace varias décadas, por no decir que es un mal histórico.

A pesar de las agresivas campañas de Marketing de la banca nacional, en que se manifiesta a bombo y platillo que el cliente es lo primero, la realidad es bien distinta, la realidad es que, para la banca, lo primero es la propia banca, pero este hecho no es algo nuevo, es algo que venimos arrastrando desde hace varias décadas, por no decir que es un mal histórico.

La banca hace, año tras año, lo mismo, mirar su balance y cuenta de resultados a finales de año o a final de trimestre para planificar para el próximo periodo qué productos debe colocar entre sus clientes, y muchas veces que ese producto sea lo mejor para el inversor es pura casualidad, pero buena parte de la culpa la tienen los propios clientes que año tras año siguen confiando en su entidad la asesoría financiera de su estructura de inversión o financiación. No es criticable que la banca utilice sus balances para determinar la estrategia a seguir, todo lo contrario, es absolutamente necesario para conseguir un sistema financiero sano, pero las necesidades del cliente deberían ir en consonancia para completar un círculo perfecto. Y especial atención al argot bancario utilizado para vender productos entre sus clientes, se denomina “colocar”, no da la sensación que “colocar” tenga nada que ver con asesorar.

Recientemente se ha anunciado que uno de los bancos que tenemos en la UCI podría ser liquidado, me pregunto qué pasará con los pagarés, bonos y otros activos de renta fija y renta variable de esa entidad que se han colocado en los últimos meses a través de la red de oficinas entre clientes particulares que, en el mejor de los casos, saben diferenciar un depósito de una participación preferente, por no decir que en muchas ocasiones ni los propios empleados de la red de oficinas saben determinar las características de los productos que “colocan”, o bien no lo saben o bien prefieren no saberlo, pero sea como sea muchas veces el cliente llega a una oficina desinformado y no encuentra el interlocutor adecuado. Puedo estar de acuerdo en que podría ser inesperado que las participaciones preferentes “colocadas” en 2005 entre particulares no tuvieran liquidez al cabo de 5 o 6 años, pero podría tipificarse de delito estar colocando activos de renta fija con una prelación poco ventajosa para el cliente a tres meses del cierre de la entidad entre inversores que, insisto, no saben diferenciar entre depósito de un pagaré.

Pero no todo es tan oscuro, por suerte, desde hace algunos años proliferan los asesores financieros independientes, que en muchas ocasiones provienen de la propia banca y han decidido pasar al otro lado del mostrador conociendo a la perfección todas las artimañas que utilizan los bancos para “colocar” sus productos. Por otro lado, en banca también hay empleados formados y con una buena dosis de ética, son minoría, pero existen y se puede confiar en su consejo, si bien, tienen un futuro incierto en su entidad, lógicamente.
¿Aprenderá la banca la situación?