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18/12/2012

Artículo por Esteban Beaskoa: "Demasiadas direcciones para un solo camino"

El año pasado nos planteábamos la importancia de saber tomar la dirección adecuada de cara a afrontar este año 2012 y los venideros. Podemos decir que se empieza a entender que por mucho que adornemos nuestro árbol y podemos sus ramas, vía inyección de liquidez por parte del Banco Central Europeo (BCE) y subida de impuestos, debemos de encontrar un lugar donde plantarlo para que se refuercen sus raíces y vuelvan a florecer sus frutos, vía medidas de fondo. A pesar de ello, se siguen dando demasiadas vueltas para todo lo que queda por hacer y para que el previsible deterioro que viviremos durante este año 2013 pueda ser, por lo menos, digerido. El crecimiento económico está condenado a verse mermado no sólo en España sino en muchos otros países de Europa. Recientemente ha sido el propio Bundesbank el que ha dado el toque a Alemania con una previsión de crecimiento del PIB para 2012 de un 0,7% y un 0,4% para 2013, frente a una estimación inicial de un 1% y un 1,6% para respectivos años, confirmando así las previsiones que Mario Draghi (presidente del BCE) dio a principios de noviembre cuando dijo que el país germano empezaba a sentir la crisis.

Artículo por Esteban Beaskoa: 'Demasiadas direcciones para un solo camino'
El año pasado nos planteábamos la importancia de saber tomar la dirección adecuada de cara a afrontar este año 2012 y los venideros. Podemos decir que se empieza a entender que por mucho que adornemos nuestro árbol y podemos sus ramas, vía inyección de liquidez por parte del Banco Central Europeo (BCE) y subida de impuestos, debemos de encontrar un lugar donde plantarlo para que se refuercen sus raíces y vuelvan a florecer sus frutos, vía medidas de fondo. A pesar de ello, se siguen dando demasiadas vueltas para todo lo que queda por hacer y para que el previsible deterioro que viviremos durante este año 2013 pueda ser, por lo menos, digerido.
El crecimiento económico está condenado a verse mermado no sólo en España sino en muchos otros países de Europa. Recientemente ha sido el propio Bundesbank el que ha dado el toque a Alemania con una previsión de crecimiento del PIB para 2012 de un 0,7% y un 0,4% para 2013, frente a una estimación inicial de un 1% y un 1,6% para respectivos años, confirmando así las previsiones que Mario Draghi (presidente del BCE) dio a principios de noviembre cuando dijo que el país germano empezaba a sentir la crisis.

La apuesta por la austeridad para ajustar el déficit público es el común denominador que intentan transmitir la mayoría de los máximos responsables políticos y económicos europeos, pero el equilibrio entre austeridad y crecimiento sólo se conseguiría alargando plazos para cumplir con las exigencias de déficit y, claro, a base de seguir solicitando más financiación con el riesgo de que el “ajustarse el cinturón” se pueda convertir en un “espera que a lo mejor te doy con él”. Ya está advirtiendo Alemania de que las entidades bancarias no pueden seguir teniendo de colchón financiero al BCE y de que las LTRO (Long Term Refinancing Operations) -operaciones para evitar el colapso del sistema financiero ante la falta de liquidez a finales de 2011, concediendo préstamos a tres años a un uno por ciento- hay que cumplirlas sin dar por hecho la renovación de las mismas al vencimiento. Tal y como comentó Draghi, también a principios de noviembre, las ayudas del BCE tienen carácter temporal e instrumental. Aún así, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) dio por hecho la renovación de la financiación previendo que la reducción de la misma, aportada a la banca española, no sería en su totalidad.

Para que el ansiado crecimiento económico empiece a ver algo de luz debe de, en un principio, dirigirse o enfocarse el plan de reestructuración del sistema financiero español, con la creación del “banco malo” o Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB), hacia la concesión de créditos al sector privado y no a los adquirentes de estos activos, además de dejar de financiar tanto al sector público. Sin embargo, esto no es más que la pescadilla que se muerde la cola ya que si los únicos capaces de financiar el déficit público de forma significativa son el BCE -ayuda con la que deberíamos empezar a dejar de contar si queremos que cobre sentido el efecto de presión al gobierno para cumplir con las exigencias de déficit-, los extranjeros -que cada vez reducen más sus posiciones en bonos soberanos-, y los bancos -vía la liquidez obtenida con los ya comentados LTRO´s y teniendo la ventaja de que la compra de deuda pública no les supone consumo de recursos propios ni obligación de dotar provisiones pero sí una garantía para la solicitud de nueva financiación al BCE-, podemos prever que las empresas lo tendrán crudo para recibir financiación hasta que España no se acerque a cumplir con las dichas exigencias del déficit. Será la confianza que demos al inversor extranjero la que ponga freno a la exposición de las entidades bancarias al riesgo soberano y la que permita disponer de la liquidez para fomentar el crecimiento económico. Hasta entonces el efecto de expulsión del sector privado a favor del sector público (también denominado “efecto crowding out”) mermará tanto la capacidad de generar empleo como la capacidad financiera de las empresas al tener que seguir afrontando los gastos a proveedores y empleados antes que los cobros a sus clientes; añadiendo además el pago adelantado del IVA, aumentado este año, que tienen que hacer a las Administraciones Públicas (AAPP).

A pesar de la ineficiencia a la hora de tomar decisiones en Europa, debemos presionar para abordar, incluso de forma creativa, una ingeniería financiera que consiga reducir de forma estructural el gasto público y reorientarlo hacia la economía productiva, aún a costa de disminuir el exceso del estado del bienestar (derivado de la época de bonanza) en el que estamos inmersos. Debemos de valorar que España es un país ilíquido pero solvente ya que si consideramos todos los activos españoles, tanto financieros como inmobiliarios, en los que asumimos una caída del 50% en el precio, éstos superan a las deudas. Por todo ello, si el plan de reestructuración bancaria y fiscal va por buen camino -ya no digo solo a nivel español sino también a nivel europeo-, estaríamos por fin empezando una necesaria fase de medidas de saneamiento básicas que, a pesar de resultar duras, nos permitirían digerir con esperanza un año que continuará siendo amargo para el empleo y el crecimiento.

Asociado EFA nº 8106