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07/06/2012

Artículo por Jorge Arturo Vela Carrascón: "El violinista del Titanic"

En la salida del cine, todo el mundo comentaba los enormes efectos especiales, la sensibilidad de la película, el presupuesto de la misma, etc. Sin embargo, a mí se me quedó grabada una escena que durante un tiempo permaneció en mi mente para luego caer al olvido de la subconsciencia y, de repente, aparecer de nuevo en mi cabeza. No sé por qué.

En la salida del cine, todo el mundo comentaba los enormes efectos especiales, la sensibilidad de la película, el presupuesto de la misma, etc. Sin embargo, a mí se me quedó grabada una escena que durante un tiempo permaneció en mi mente para luego caer al olvido de la subconsciencia y, de repente, aparecer de nuevo en mi cabeza. No sé por qué.

No recuerdo si quiera lo  que pasó antes ni en posteriores escenas, sólo viene a mi conciencia una orquesta de música tocando con el caos a su alrededor... y no sé por qué me viene a la mente.

Trato de recordar el argumento: el mayor barco jamás construido, a partes iguales entre la inteligencia humana y la soberbia ("ni Dios podría hundirlo" se escucha comentar a uno de los personajes). Con todo a favor, todos se aprovechaban de los lujos que ofrecía una obra de tal magnitud.
Los ingenieros del monstruo marino charlaban con los capitanes orgullosos de lo que manejaban, y por pura soberbia quisieron ir más rápido para su lucimiento y beneficios propios, mientras el resto de la tripulación vivía ajena disfrutando de todo lo que tenía a su alcance. Nadie paró a pensar en los riesgos asumidos, y si había alguien, lo tacharon de inconsciente.

Navegaba a una velocidad descontrolada que no podían asumir, así que cuando avistaron un pequeño obstáculo en forma de iceberg, no fue posible frenar la nave o esquivarla a tiempo. Intentaron medidas desesperadas de última hora como girar el timón y dar marcha atrás de manera simultánea, con las graves consecuencias que conocemos.
El ingeniero culpó al capitán, este al ingeniero, el ingeniero al astillero y este al jefe de máquinas... Pero todos fueron cómplices.
"No podemos hundirnos, hemos oído muchas veces que eso es imposible" se decían los miles de pasajeros, mientras el agua empezaba a filtrarse en sus camarotes.
Primero se ahogaron los que estaban más abajo.

Tardaron unas horas, que quizá fueron cruciales, en tomar conciencia de la crisis que estaban viviendo, el agua empezaba a llegar a la cintura.
En pocos minutos reinó el caos, gente intentando escapar de lo difícilmente evitable, todavía sin saber qué les había llevado a esa situación...
Y creo que a estas alturas de film, un grupo de músicos, no más de una decena, sin saber qué hacer, decidieron seguir tocando su música ajenos a todo.
Partieron con 2.200 personas a bordo y 1.500 perdieron la vida, y entre ellas no se encontraban el capitán, ni los oficiales, ni astilleros, ni ingenieros... Quienes sí perdieron la vida fueron aquellos violinistas que decidieron seguir a lo suyo mientras el barco se hundía, sin entender qué habían hecho para llegar a esa situación.
Por supuesto, hubo varios intentos de rescate de urgencia, que por desacuerdo entre los barcos que navegaban cerca del desastre no llegaron a tiempo ni fueron suficientes.
Y sigo sin saber por qué me viene a la mente esta escena.

El metraje del film es demasiado largo y el director nos dejó sin ver que después del desastre, generaciones de la época aprendieron la lección y supieron inculcar en generaciones venideras el sentido de la responsabilidad para no repetir los errores por ellos cometidos, en algunas ocasiones por egoísmo, en otros por soberbia y siempre en pro del beneficio propio.
Y supongo que futuros capitanes y oficiales navegarían a la velocidad adecuada, con los botes salvavidas perfectamente adecuados y con planes de emergencia para resolver a tiempo posibles imprevistos, y evitar que otro Titanic se volviese a hundir. Y sigo sin saber por qué me viene a la mente comentada escena.