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09/03/2016

Artículo por María José Martínez: "En busca de la normalidad perdida"

En estos días de tanta volatilidad son multitud los titulares que atraen nuestra atención en busca de respuestas. Uno de los que consiguieron sacar mi mirada de los números rojos fue uno de los pocos activos que suben, el oro. El metal precioso es uno de los ?activo-refugio? por antonomasia; sin embargo, en las caídas de los mercados a finales de 2015, el oro cedió un 10%. Es en este iniciado 2016 cuando ha recuperado esta normalidad y con las correcciones de los mercados acumula rentabilidades superiores al 10%. La Real Academia de la Lengua define normal como aquello que ?se halla en su estado natural?. En los mercados financieros este ?estado? se ha difuminado en la última década

Artículo por María José Martínez: 'En busca de la normalidad perdida'
En estos días de tanta volatilidad son multitud los titulares que atraen nuestra atención en busca de respuestas. Uno de los que consiguieron sacar mi mirada de los números rojos fue uno de los pocos activos que suben, el oro. El metal precioso es uno de los “activo-refugio” por antonomasia; sin embargo, en las caídas de los mercados a finales de 2015, el oro cedió un 10%. Es en este iniciado 2016 cuando ha recuperado esta normalidad y con las correcciones de los mercados acumula rentabilidades superiores al 10%. La Real Academia de la Lengua define normal como aquello que “se halla en su estado natural”. En los mercados financieros este “estado” se ha difuminado en la última década.

Otro de los denominados “safe haven” es el dólar. Con el crecimiento mundial en duda, y el sector financiero y energético sometido (entre otras) a tensiones crediticias, lo normal hubiera sido una apreciación del dólar como divisa fuerte. Sin embargo, todo lo contrario, mientras la bolsa se encontraba en niveles mínimos (1.830 S&P 500 y 2.730 Eurostoxx) la divisa marcaba niveles de 1.13$ en su cruce contra el euro (es decir, una depreciación).

Históricamente si el dólar se deprecia, petróleo y materias primas (en particular) suben sus precios para compensar esa pérdida de valor de los ingresos que reciben los exportadores. De nuevo, en esta ocasión, esta relación se quiebra, y el crudo permanece en niveles mínimos por el pesimismo derivado de la menor demanda mundial.

Y el último de la trilogía, la deuda de los países de alta calidad (EEUU, Alemania…) que han recibido flujos de entrada hasta llevarlos a niveles más bajos aún si cabe, así el bono alemán a 10 años ha alcanzado niveles del 0.2%. Esta huida hacia la calidad resulta comprensible pero conlleva que es necesario irse hasta el plazo de 9 años para poder encontrar rentabilidades positivas en la curva de tipos alemana. Vivimos en una  situación de tipos negativos en plazos hasta 3 años desde finales de 2014. No resulta muy habitual que el prestamista no sólo no reciba ninguna remuneración por su dinero si no que ni siquiera vea retornar íntegro el capital prestado.

Los tipos de interés y la política monetaria EEUU rememora  a las salidas fallidas de la Formula 1 donde, después de varias vueltas al circuito para calentar neumáticos se da la salida y hay coches que no llegan a recorrer ni 100 metros y se quedan parados para volver a garaje.  Una vez realizada la primera subida de tipos por parte de la FED y aunque Yellen sigue manteniendo su intención de continuar con este ciclo durante 2016, el mercado no descuenta ninguna subida adicional. En las últimas décadas la transparencia de los discursos de los bancos centrales llevaba consigo unos movimientos parejos en los futuros sobre los tipos de interés. De nuevo, una relación rota.

Los supervivientes de la crisis recordarán títulos como “This time is different”  o “New Normal” o “Represión financiera”. Súmenlos todos ellos y como resultado tendrán que muchas de las relaciones causa – efecto funcionan un número de veces inferior al esperado (al normal) y que nos hayamos en un mundo donde el “prueba con”, aunque suene poco profesional, si lo dice alguien del grupo de sabios (Draghi, Kuroda o Yellen) genera más confianza.

Es fácil imaginar que esta pérdida de normalidad viene determinada en gran parte por la intervención indiscriminada por parte de los bancos centrales a nivel global, incluida China que con su política cambiaria depreciadora ha pasado a ser uno más en la guerra de divisas global. Una de las claves está en los elevados niveles de deuda que no sólo reducen el crecimiento potencial futuro si no que impiden la normalización de las curvas de tipos de interés y por ende las políticas monetarias expansivas. Este tipo de políticas ha supuesto numerosas y cuantiosas inyecciones en los mercados que provocan asignación ineficiente de recursos y valoraciones irracionales de activos, o lo que es lo mismo, atrás queda lo normal y toma su relevo lo real, lo actual..lo inesperado.

Solucionar esta situación es complicado, pasa por la adopción de medidas estructurales por parte de Gobiernos. Gobiernos que se encuentran en la cuerda floja y donde cada día son más influyentes (cuando no decisivos)  los extremos dado el descontento social (Brexit en Reino Unido, las primarias norteamericanas, Portugal, España…). Parece un sueño esperar  que se adopten las decisiones políticas necesarias.

Por ello, al inversor sólo le queda seguir, cual Indiana Jones, buscando oportunidades entre las fuertes volatilidades del mercado, olvidándose de momento de la normalidad perdida…