Artículos

02/04/2012

Artículo por Rafael Calvo Alonso: "Juego de suma negativa: todos pierden"

Vivimos unos momentos muy agitados y convulsos, en la realidad social y económica de España, que en otra época hubieran sido extraordinarios y pasajeros, pero que ahora parece que han llegado para establecerse como eso que conocemos como la realidad cotidiana.

La capacidad de sorprendernos por hechos y acontecimientos, que deberían ser extraordinarios y por ese mismo hecho resultar sorprendentes, cada vez es más difícil, al resultar estos acontecimientos cada vez más habituales. Se pierde la capacidad de sorpresa y con ella el mecanismo de reacción y de asimilación de estos hechos, para poder aprehenderlos e integrarlos en nuestro acervo de conocimiento y experiencia. También se pierde la capacidad crítica y de asimilación de la realidad, que es la única situación que permite avanzar hacia el consenso y la adopción de las medias necesarias para salir de esta situación de crisis. Así pasamos a un estado de permanente indiferencia, mientras a nuestro alrededor parece que todo se transforma, sin que tengamos opinión o capacidad de influir, ni siquiera en lo que nos afecta directamente.

El gobierno de D. Mariano Rajoy, presionado por las autoridades europeas y otros gobiernos comunitarios, aprueba una polémica y mal explicada Reforma Laboral, por decreto y vía rápida, sin hacer un ejercicio de humildad explicativa y sin remarcar estas presiones y el hecho de que en los próximos años nos jugamos el futuro de nuestro país, ligado al éxito de esta y otras medidas de ajuste. El hecho de que tanto el actual gobierno, como el anterior, se avergüencen abiertamente de que haya una autoridad europea, de rango superior, que monitorice y guíe nuestras reformas resulta extraño y sorprendente, ya que nuestra entrada en la UE es esto precisamente lo que se votó y aprobó, por lo que ahora debería ser normal y explicable a los ciudadanos. Sin embargo al negarlo, lo único que se consigue es el efecto contrario, el de la sospecha y la especulación sin límite, que consiguen crear una mayor desconfianza e incertidumbre y hace que la propia reforma no satisfaga a ninguna parte y sea insuficiente en sus objetivos, para unos y excesiva en sus resultados, para los otros.

Los sindicatos convocan una huelga, sin dudar ni reflexionar, para defender sus propios intereses, y demostrar ante la sociedad su capacidad de convocatoria y poder de paralización de un país, justo en el momento que se necesita lo contrario, que el país arranque y despegue a una velocidad de crucero, que nuestros ciudadanos dejen de polarizarse entre opciones diferentes y todos dirijan sus esfuerzos en la misma dirección. No analizan ni visualizan la grave situación de España desde una perspectiva amplia y de conjunto, no dejan que las medidas y reformas prueben su validez o no, en el mercado laboral, vuelven a saltar a los clichés aprendidos y a fomentar esa caduca lucha de clases.

El resultado es que todo el país pierde con esta situación, se transmite una imagen distorsionada al exterior, que provoca que nuestros socios comunitarios, y mayores inversores en nuestra deuda pública y la de nuestros bancos, tengan la sensación de que las medidas no han servido ni servirán para nada, por lo que habrá que aumentar la dosis de medicina al paciente enfermo. Triste círculo vicioso que solo lleva a un lugar, oscuro y tenebroso, la vuelta a la recesión y de nuevo la sensación de tener que volver a empezar y a aplicar nuevas y más profundas y dolorosas medidas.