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11/07/2019

Borja Rubí, articulista en Actualidad de las Empresas Aragonesas: ¿Qué significa asesoramiento financiero independiente?

En los años 80 y 90 trabajar en un banco en España era sinónimo de importancia, respeto, formación y un sinfín de cualidades que denotaban cierto prestigio social. El empleado bancario era aquella persona respetable que miraba por los intereses de los clientes, prestaba un servicio de calidad y ayudaba a sus conciudadanos a desarrollar sus proyectos familiares y profesionales, tan sencillos y complejos a la vez como, comprar una vivienda, un coche o quizá un televisor. Era alguien admirable y eso, en parte, se ha perdido.

Borja Rubí, articulista en Actualidad de las Empresas Aragonesas: ¿Qué significa asesoramiento financiero independiente?
El mundo ha cambiado radicalmente y la banca no se ha quedado atrás. Ha ido evolucionando, pasando sus travesías en el desierto, y ha tenido sus más y sus menos en la relación con sus clientes.

Al final, tras una grave crisis financiera, llegó la calma y, en consecuencia, la necesaria purga. No nos equivocamos si pensamos en que la imagen actual del sector bancario en España por parte de los clientes está tocada, por no decir hundida. Muchas entidades se afanan por “humanizar” el sector y acercarse de nuevo a la sociedad, pero lo cierto es que el daño ya está hecho. En materia de inversión no será menos.

Los jóvenes ya no quieren trabajar en banca. No es de extrañar: los horarios imposibles, los salarios a la baja y las reestructuraciones necesarias, pero dolorosas, hacen perder el atractivo a un sector que a los millennials ya no les interesa. Y esto podemos extrapolarlo al mapa de sucursales en España.

Yo me pregunto, ¿cuántos chavales de entre 15 y 30 han pasado por “su oficina” en este 2019? Me la juego: no más del un 1%. No le ven ningún tipo de interés y todo lo resuelven a golpe de clic. Ven a su entidad como un supermercado de productos diversos que no les aporta valor. Asumámoslo, esa es la realidad en España.
 

Asesoramiento financiero independiente: ¿Cómo solo tres palabras pueden decir tanto?

"Independiente" resulta lejano, unitario y, si me apuran, algo sombrío y que invita a la soledad, pero nada más lejos de la realidad si lo llevamos al contexto del asesoramiento financiero. En España, somos muy pocos los que nos dedicamos a esa profesión. Si hablamos de asesoramiento "no-independiente" muchos más, casi todos diría yo.

El panorama es muy distinto lejos de nuestras fronteras. Ser independiente quiere decir que al cliente que invierte en fondos de inversión se le asesora sin conflictos de interés. En España, en el mundo de la inversión, el asesoramiento financiero y los fondos de inversión, el cliente no conoce toda la información disponible en el mercado.
 
El hecho de ser independiente implica que no existe asimetría de información, ni campañas comerciales, ni productos propios. Ser independiente implica que puedes comercializar todos los fondos disponibles en el mercado (19.000), tienes capacidad para analizarlos, puedes ejercer un juicio de valor y, sobre todo, has de cobrar por ello. Sin paños calientes, te tienes que mojar, sí o sí. La calidad, el servicio y el aporte de valor se ha de pagar. Mucho o poco es otro cantar.
 

¿Por qué es positivo ser independiente?

Porque no hay nada que vender. Se trabaja con tranquilidad, ofreciendo siempre la clase institucional del fondo, si la hay, o pagando al cliente la retrocesión percibida si se da el caso. El asesoramiento financiero Independiente aporta valor, porque de no ser así, el cliente no ve sentido a abonar una comisión por dicho concepto y se va. El conflicto de interés es el camino más corto al cierre. Por eso, el compromiso con el cliente debe ser para toda la vida, ya que recibirá asesoramiento sobre el mejor producto financiero del mercado ajustado a su perfil de riesgo y en la clase más barata existente. No nos equivoquemos, el asesoramiento y la gestión en España, sea independiente o no, se paga, implícita o explícitamente.
 

Borja Rubí
Asociado a EFPA España