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14/09/2010

PLANIFICACIÓN VS GUERRA DEL PASIVO - por Arturo Satué Bargalló

“Los ejecutivos de empresas, que dedican meses al estudio de inversiones y a la proyección económica de sus compañías, no llegan a darle ni diez minutos por día a la planificación financiera de sus familias”, citaba el Instituto Argentino de Empresas en el ciclo “Finanzas Personales”.

PLANIFICACIÓN VS GUERRA DEL PASIVO

“Los ejecutivos de empresas, que dedican meses al estudio de inversiones y a la proyección económica de sus compañías, no llegan a darle ni diez minutos por día a la planificación financiera de sus familias”, citaba el Instituto Argentino de Empresas en el ciclo “Finanzas Personales”. Imaginemos entonces el tiempo que dedica la gente a sus ahorros domésticos. Y es que, la planificación financiera del ahorro en las familias, está quedando supeditada casi en exclusiva, a ir subastando el dinero de entidad en entidad, a ver quién da más tipo de interés,en nuestra extensa y nutrida red de oficinas de banca universal, unas 45.000 en diciembre de 2009.

Desde principios de año, se está librando una batalla sin parangón, por la captación de depósitos a la clientela por parte de las entidades financieras, con rentabilidades anuales entorno al 4%, e incluso más tipo todavía según vinculación y productos contratados. Con estas ofertas, ¿cómo se plantea por parte de un asesor financiero, a un cliente ahorrador habitual, de renta media - alta, cualquier otro tipo de inversión?

En una nota de Invertia estos días, leía que el 30% del patrimonio de las Sicavs de las personas más ricas y famosas de España, estaba invertido en depósitos bancarios. Incluso los inversores más sofisticados se han tenido que rendir a las rentabilidades ofrecidas actualmente por este tipo de productos.

La cada día más extendida Banca Personal, dónde las entidades financieras pretenden captar a clientes ahorradores de rentas medio – altas, de unos 60.000 a 300.000 euros, tiene cómo objetivo el asesoramiento, la planificación y la cercanía, con una atención más personalizada. Pero en la red de oficinas, los gestores se encuentran que los clientes se inclinan casi en exclusiva por los tipos que ofrecen los depósitos bancarios, por sus rentabilidades actuales y por su supuesta seguridad. No les importa tanto la fiscalidad (sobretodo la futura, pues no podemos predecir si en la próxima legislatura va a cambiar de nuevo), ni mucho menos el ahorro a largo plazo. Además, a menudo el asesoramiento financiero en la Banca Universal se basa en “aconsejar” invertir y diversificar el ahorro de los clientes en los productos que comercializa en ese momento la entidad financiera en cuestión. Y las necesidades actuales son la captación de depósitos bancarios, más aún con la parálisis casi total de los mercados de dinero, dónde el Interbancario está prácticamente seco. Y los bancos no se prestan dinero unos a otros muchos inversores conservadores, son reticentes a invertir sus ahorros en fondos de inversión monetarios o de renta fija a corto plazo, cuyas rentabilidades en lo que va de año no llegan ni al 1,40% de media. Aún es más, los inversores que tenían fondos de inversión de esta categoría, solicitan reembolsos para colocar su dinero en depósitos. No en vano, en el primer trimestre del año, ha habido una salida de este tipo de fondos de 5.500 millones de euros, según Inverco. Con la volatilidad y los vaivenes del mercado actual, el cliente de mayor aversión al riesgo, no quiere ni oír hablar de diversificar e invertir en renta variable. Tampoco le atrae la idea de colocar sus ahorros a largo plazo o la planificación fiscal futura, aunque se les ofrezca productos con una atractiva fiscalidad todavía, como es el caso del Pias, el plan de pensiones o la renta vitalicia.

Si sigue mucho tiempo la guerra del pasivo, con ofertas tan suculentas en depósitos bancarios a doce meses o incluso plazo inferior, con rentabilidades anuales del 4%, ¿que lugar quedará para el asesoramiento y la planificación financiera, de los ahorros de las familias de rentas medio – altas?

Por Arturo Satué Bargalló