Entrevistas

03/01/2020

Conoce a Guillermo Domínguez Torres (EFP), el nuevo Delegado Territorial de Castilla y León.

Un delegado territorial es aquella persona de referencia para los asociados de EFPA que trabajan y viven en su zona. Estas son las 6 preguntas a Guillermo Domínguez Torres, certificación European Financial Planner (EFP), para conocer sus expectativas en Castilla y León: “Trabajaremos para incrementar el grado de conocimiento y relevancia de EFPA”.

Conoce a Guillermo Domínguez Torres (EFP), el nuevo Delegado Territorial de Castilla y León.

1. ¿Cómo conociste EFPA España?

Conocí EFPA a través de la entidad en la que comencé mi carrera como asesor financiero, tras mi paso previo por el área del asesoramiento fiscal. En dicha entidad desarrollaban planes internos de formación, tomando como referente el programa de competencias del certificado EFA. Además, preparaban a sus empleados para la obtención del mismo.
Entre mis primeros cometidos en ella, estuvieron la revisión, actualización y mejora de los manuales de contenidos. Un proceso que me permitió reforzar mis conocimientos, obtener ese primer certificado, conocer la institución, y empezar a descubrir mi vocación divulgativa.
 

2. ¿Cuáles son los planes más inmediatos para la nueva delegación de EFPA en la región?

Una de las prioridades que considero es incrementar el grado de conocimiento que existe sobre EFPA y su relevancia, tanto entre los profesionales como entre los inversores, mediante eventos y campañas de comunicación.
Uno de mis principales objetivos y retos es contribuir a poner en valor el crédito profesional y la diferenciación que supone pertenecer a EFPA y contar con la mayor certificación posible.
  • Por un lado, para que los inversores sepan que las certificaciones EFPA son el mayor sello de calidad existente en el sector, y en consecuencia sepan reconocer el enorme valor que supone que su asesor cuente con uno de nuestros títulos.
  • Y por otro lado, para que la Asociación se ratifique cada vez más entre los profesionales, mostrándoles el respaldo y la orientación que pueden encontrar en nosotros, los beneficios que supone pertenecer a la organización, y el prestigio que aportan nuestras certificaciones sobre el resto de acreditaciones, de cara a un mercado que cada vez valora más la calidad de los servicios, los comportamientos y códigos éticos, y la alineación de intereses.
También me parece urgente contribuir a multiplicar el nivel de cultura financiera de los ahorradores e inversores, a todos los niveles, y por todos los medios o canales que podamos. 
 

3. ¿Cuáles son las principales preocupaciones financieras que muestran los ahorradores castellanos y leoneses?

Mi percepción es que a los inversores de esta comunidad les preocupa mucho su futuro y el de sus familias. Son muy conscientes de los riesgos y complejidades que existen ante la evolución de la economía, especialmente la doméstica, o la difícil sostenibilidad del sistema público de pensiones. Les inquieta la posibilidad de que sus empresas o trabajos se resientan a corto plazo, y que, unido a la incertidumbre política y global, su nivel de vida a medio o largo plazo pueda no ser el deseado. Por tanto, son conscientes de que deben vivir el presente sin despilfarros, pero les preocupa mucho cómo cubrirse las espaldas ante posibles momentos complicados venideros. Por eso considero clave orientar a los inversores hacia el modelo de Planificación financiero-vital y ayudarles con ello a mitigar sus miedos y despejar sus dudas sobre las incertidumbres futuras.
 

4. ¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta el asesor financiero para mejorar su relación y el servicio que ofrecen al cliente en un entorno actual de tipos bajos?

En línea con la anterior cuestión, el reto que tenemos es enseñar a los clientes a interpretar el riesgo y la rentabilidad, y saber gestionar ambas cosas como herramientas supeditadas a un plan y una estrategia para alcanzar los objetivos que se hayan definido, relativizándolas de acuerdo a la coyuntura de cada momento, especialmente a la inflación.
Los clientes siempre han pretendido esa quimera de rentabilidad sin riesgo, porque en general, desconocen la correlación real entre ambos términos. Ello, porque mayoritariamente invierten sin un objetivo definido, además de obviar esa medición relativa frente al precio del dinero.
Por eso, ahora más que nunca, hace falta dedicar tiempo a los clientes, a escuchar sus necesidades o expectativas, hacer una labor didáctica con ellos, y entablar una relación pedagógica alineada con sus metas. Es decir, el reto está en enseñarles a convivir con el riesgo y aprender a tolerarlo a cambio de poder obtener las rentabilidades que requieran sus objetivos.
 

5. ¿Qué momento crees que vive el sector del asesoramiento en su Comunidad Autónoma? ¿La bancarización en el servicio es el principal escollo?

Creo que empieza a notarse un gran auge y un gran impulso. Quizá los propios inversores y ahorradores consideraban innecesario ese asesoramiento hasta hace poco. Quizá prevalecían otros criterios o valía todo.
Pero desde la crisis de 2008, y en base a multitud de malas experiencias vividas en estas dos últimas décadas, algunas especialmente perniciosas en Castilla y León, los clientes demandan cada vez más la ayuda de expertos, y huyen más del modelo tradicional bancario, rechazando cada vez más el modelo de venta de producto propio. 
Efectivamente la bancarización del mercado sigue siendo altísima. La vinculación de muchos clientes a sus entidades sigue siendo muy elevada, y sigue pesando más la fuerza de la marca o la confianza en una persona, que la calidad de un profesional o la calidad de servicio a la hora de tomar decisiones.
 

6. ​¿Qué podéis hacer los profesionales para hacer ver el valor añadido que ofrecéis al cliente? 

En primer lugar, saber y estar dispuestos a escucharles. Mostrarles nuestro interés por comprender y detectar sus necesidades y nuestra voluntad de ofrecerles las mejores soluciones. Posteriormente, dedicarles tiempo a explicarles esas posibles soluciones óptimas para sus objetivos, y ofrecerles sólo aquellas cosas que de verdad tengan sentido. Y a partir de ahí, seguir dedicándoles tiempo para ayudarles a entender la evolución de sus activos y a tomar las sucesivas decisiones. Si ponemos nuestro tiempo a disposición del cliente, y nos alineamos con sus intereses, el cliente encontrará el valor añadido y reconocerá nuestro trabajo, muchas veces incluso independientemente de los resultados. 
Con todo ello, nuestra formación y acreditación profesional no sólo es una carta de presentación, sino el sustrato que nos dará capacidad y versatilidad para responder a las mayores inquietudes, cuestiones y necesidades posibles, que se traducirá en ese valor añadido deseado. Con esto invito a los profesionales a incrementar su cualificación, obteniendo la formación y la certificación European Financial Planner (EFP),  y animo a los ahorradores a buscar un asesoramiento enfocado a esa filosofía de planificar sus objetivos vitales.