Entrevistas

25/05/2020

La independencia financiera según Guillem Roig, uno de los EIP’s más jóvenes de EFPA España

“Tras una carrera profesional llena de cambios, descubrí que mi verdadera pasión son las finanzas personales. Por este motivo me certifiqué con EFPA España: European Investment Practitioner (nº 32643) y así poder dedicarme a mejorar la situación financiera de las personas”.

La independencia financiera según Guillem Roig, uno de los EIP’s más jóvenes de EFPA España

Guillem, con solo 27 años, eres uno de los asociados EFPA más jóvenes con el certificado EIP. ¿Por qué decidiste obtener esta certificación?

Cuando decidí certificarme llevaba ya un tiempo involucrado en el mundo financiero por afición, a raíz de la creación del blog La Hormiga Capitalista donde hablo sobre la independencia financiera.

Por aquel entonces, estaba en conversaciones con mi amigo Sergi, quien también es un apasionado de las finanzas personales, para crear un proyecto conjunto relacionado con aquello que más nos motivaba: la educación financiera, el ahorro y la inversión a largo plazo.

En esos momentos Sergi ya se había certificado con el EIP y a medida que la idea de crear un proyecto iba cobrando forma, yo también me animé a hacerlo. En realidad, no teníamos claro si realmente necesitaríamos estar certificados, pero consideramos que sería muy positivo contar con el título.
 
Finalmente, acabamos sacando a la luz el proyecto junto con otros dos fundadores también apasionados por las finanzas personales. Se trata de Balio, un planificador financiero automatizado que permite fijar tus objetivos financieros y ver qué pasos debes dar para alcanzarlos. Además, también hemos contribuido a crear una gran comunidad financiera a través de un foro con mucha actividad y, sobre todo, compañerismo.

La verdad es que estar certificados nos ha permitido tener unos conocimientos mucho más sólidos y amplios sobre las finanzas, además de dar más credibilidad al proyecto. Ahora mismo no estamos ejerciendo como asesores financieros como tal, aunque el conocimiento adquirido nos está ayudando mucho.
 

¿Siempre has sentido interés por el sector de las finanzas? ¿Qué consejos darías a los estudiantes que estén empezando a estudiar algo relacionado con el ámbito financiero o que se lo estén planteando?

Siempre he sido muy ahorrador, pero no fue hasta que descubrí el concepto de independencia financiera que me empecé a adentrar en este maravilloso mundo.

En ese momento estaba trabajando en una gran empresa como consultor de negocio. El trabajo en sí era objetivamente bueno, aunque no me terminaba de llenar, por lo que vi que ahorrando un gran porcentaje de mi salario e invirtiendo casi todos mis ahorros podría llegar a ser libre financieramente mucho antes de llegar a los 67 años.

El consejo que les daría a los que están empezando es que solo sigan por este camino si les gusta realmente este sector y si creen que pueden aportar algo bueno a la sociedad y a sus futuros clientes. Que no lo hagan porque no saben muy bien qué hacer o porque el salario medio en finanzas sea de los más altos de España:

Ver tabla

También les recomendaría que leyeran los libros de Dan Ariely, Daniel Kahneman y Nassim Nicholas Taleb (por este orden). Ahí no aprenderán nada o casi nada de finanzas, pero sí del comportamiento humano y de nuestra irracionalidad. Creo firmemente que este aprendizaje será mucho más importante en su carrera que la mayoría de los conceptos financieros avanzados.
 

En un momento de incertidumbre como el actual, ¿cuál consideras que es el papel del asesor financiero?; ¿cómo puede ayudar a los ahorradores particulares?​

Para mí el principal papel del asesor en estos momentos es transmitir calma y evitar que el cliente tome malas decisiones en relación con su dinero.

Para aquellas personas que puedan experimentar más dificultades económicas debido al impacto de la pandemia, el asesor financiero tiene que ser un apoyo moral y ayudarles a hacer un plan para alargar al máximo sus recursos, así como optimizar la fiscalidad para aquellas personas que necesiten hacer reembolsos para hacer frente a los pagos del día a día.
 
Por supuesto, otra forma de “ayudar” es ajustar sus tarifas y comisiones para que hasta los clientes en peor situación puedan recibir asesoramiento financiero. Más necesario que nunca en estos momentos.
 

Desde tu perspectiva, la independencia financiera es un objetivo primordial siempre que no implique dejar de lado el presente, ¿cómo consideras que se debe llevar a cabo una correcta planificación financiera?​

En mi opinión, el mejor plan es aquel que te permite estar tranquilo en el presente, conseguir tus objetivos a futuro y ser lo suficientemente flexible para adaptarte al camino que está por llegar.
 
Por encima de todo, yo abogo por ser prudente y hacer planes realistas. La máxima prioridad es que la persona que haga el plan se sienta satisfecha con el resultado, así como educarla para que entienda el trasfondo del cálculo y las variables que van a influir en su desarrollo.
 
Para mí, la independencia financiera es un gran objetivo y además muy amplio. Tanto puede aplicar a aquellos que quieran jubilarse a los 40 como a los que busquen un complemento a la pensión a los 67, aunque estos últimos se suelen mencionar menos ya que no llaman tanto la atención.
 
En estos momentos parece que este objetivo sea más difícil que nunca, pero en realidad, son estos precisos momentos los que marcan la diferencia en su consecución a futuro. Hay que ser prudentes y seguir el plan.
 

¿Crees que la cultura financiera de nuestro país está a buen nivel o crees que debería existir más formación al respecto?​

Por desgracia, seguimos sin ver grandes avances en la cultura financiera de este país, aunque tampoco es de extrañar. De forma evolutiva, hemos aprendido a minimizar los esfuerzos para conservar nuestros recursos energéticos al máximo. Eso aumentaba las probabilidades de supervivencia y de dejar descendencia. Y las finanzas no son una excepción.
 
¿Para qué destinar recursos a aprender sobre un tema cuando la mayoría lo considera innecesario?
 

Hasta ahora parecía que no hacía falta demasiada educación financiera para tener una vida mínimamente digna: basta con encontrar un trabajo, pagar impuestos y dejar pasar el tiempo hasta conseguir la pensión del Estado. La gente no se planteaba que:
  1. Quizá no hace falta trabajar hasta los sesenta y tantos
     
  2. Comprar una casa no siempre tiene que ser una buena inversión (aunque es mejor que nada).
No tengo ninguna duda de que la educación financiera terminará llegando, a la fuerza, pero terminará llegando. Por ejemplo, cuando la pensión media en 30 años sea, como mucho, la mínima actual. El sistema es insostenible y tarde o temprano cambiará. Será entonces la época dorada de la cultura financiera en España. No habrá otro remedio. El problema, como en muchos otros aspectos, será la transición entre un paradigma y otro.
 
Para mí la solución no está en depender de que el Estado incluya las finanzas en el itinerario escolar sino tomar las riendas de nuestra vida, pensar a largo plazo y trazar un plan.