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28/10/2019

Artículo de Andrea Carreras-Candi: “Los bonos verdes: la fórmula para invertir con responsabilidad” (Diari de Tarragona)

Cuando hablamos de bonos verdes, nos referimos a aquellas emisiones de deuda, ya sean públicas o privadas, que poseen un carácter sostenible, puesto que sus fondos se utilizan para financiar, en parte o en su totalidad, proyectos con carácter medioambiental o social y con los que aspirar a obtener cierta rentabilidad por ello, como podría ocurrir con cualquier otra inversión.

Artículo de Andrea Carreras-Candi: “Los bonos verdes: la fórmula para invertir con responsabilidad” (Diari de Tarragona)
Estos activos líquidos buscan realizar proyectos verdes. Es decir, acciones sostenibles que obtengan financiación por parte de los inversores para retornar el rendimiento de su inversión al final del proceso.

En los últimos años, hemos podido ver el crecimiento de las inversiones sostenibles en las entidades financieras, a la vez que se convertían en alternativas cada vez más demandadas por inversores particulares y empresas.

Cada vez en mayor medida, las principales empresas de servicios financieros se plantean la posibilidad de invertir de forma sostenible. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los proyectos que quieran estar dentro del mercado de bonos verdes y sociales deben cumplir con los Green Bond Principles, que marca la International Capital Market Association (ICMA), es decir, los proyectos deben estar dedicados a financiar proyectos ecológicos o sociales y acreditarlo de forma transparente mediante informes de resultados.

La primera entidad que emitió bonos verdes fue el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en 2007, como respuesta al protocolo de Kioto. El objetivo de la emisión de este tipo de activos era financiar una serie de proyectos de carácter sostenible como, por ejemplo, la instalación de sistemas de riego en Túnez o apostando por las energías renovables en México.

Gracias al gran éxito conseguido en su momento, los bonos verdes se convirtieron en una opción de financiación reconocida y se ha extendido su uso para cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible de cada país o empresa.

En este escenario, actualmente existe una lista de proyectos en los que debe participar un bono para que se considere como “bono verde”


En primer lugar, se incluye la gestión sostenible de los recursos naturales. Por ejemplo: la agricultura sostenible, la cría de animales de forma sostenible y responsable o el uso de técnicas inteligentes como el riego por goteo y la acuicultura.

Por otro lado, se abarcan los proyectos relacionados con energías renovables y eficiencia energético, como edificios reformados o ecológicos que cumplan con las certificaciones marcadas por la legislación.

Respecto al transporte, también existen algunas pautas, como las infraestructuras para transporte de energía limpia, es decir, eléctricas, híbridas, públicas y ferroviarias. Por supuesto, existen más factores como la prevención y el control de la contaminación, la adaptación al cambio climático con sistemas de apoyo a la información o productos adaptados a la economía circular y ecológica, usando ecoetiquetas y otras certificaciones medioambientales homologadas.

Las empresas están interesadas en emitir bonos verdes porque mejoran la imagen de su marca, sin que eso tenga necesariamente que suponer una pérdida de su rentabilidad, siempre que el proyecto sea viable. La inversión sostenible se está convirtiendo en una tendencia que marcará el futuro de la industria de la gestión de activos y animará cada vez a más gente a invertir su dinero para obtener rentabilidades, mientras pone su granito de arena para cambiar el mundo.  Como ocurre con cualquier tipo de inversión que nos planteemos, independientemente del objetivo de la misma, lo más adecuado es contar con un asesor financiero que nos pueda ayudar a determinar correctamente en qué tipo de proyectos sostenibles podemos invertir, según cuáles sean nuestras necesidades, nuestro horizonte temporal y nuestro perfil de riesgo. 
 
Andrea Carreras-Candi. Directora de EFPA España